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Archive for 31 octubre 2012


En 1965, Carlos Santana le dijo a su padre que no quería seguir acompañándolo a tocar en tabernas. Estaba, según sus propias palabras, cansado de los borrachos vomitándose y del olor a tequila. Cuando su padre le preguntó qué quería hacer entonces, le respondió : “rock and roll”. En su estilo directo y sim ambages, José Santana le dijo: “entonces verás y sentirás cosas peores”.

Carlos se mudó a San Francisco y en 1966 fundó Santana Blues Band, con la cual ganó amplia notoriedad en el circuito musical de la ciudad, considerada la capital del movimiento hippie. A pesar de que todavía no eran conocidos a nivel nacional o internacional, su promotor Bill Graham consiguió con mucho esfuerzo que fueran admitidos en el festival de Woodstock, que los catapultó a la fama mundial.

Para cerrar su presentación en Woodstock, Carlos quería una pieza emblemática, algo que dejara bien marcada la huella del grupo. Tras arduas deliberaciones con el bajista David Brown, el organista Gregg Rolie y el percusionista nicaragüense José “Chepito” Arias, escogieron Soul Sacrifice (Sacrificio del Alma).

La presentación del grupo se retrasó más de dos horas por la lluvia y, para matar el tiempo y el nerviosismo, Carlos Santana comenzó a consumir diferentes tipos de droga una detrás de la otra, lsd, marihuana, cocaína. Cuando finalmente hicieron su aparición en escena, Carlos alucinaba de una manera tan salvaje que veía la guitarra como una serpiente que trataba de escapar de sus manos. De ahí provienen los gestos de concentración y lucha interna que increíblemente convirtieron dicha actuación en leyenda. De acuerdo a sus propias palabras, esa tarde se concretó la profecía de su padre.

El resto es Historia. Muchas batallas ha tenido que librar Carlos Santana en su vida, la mayoría de ellas contra su propia persona. Aprendió a tocar el violín a los 5 años, de la mano de su padre, y la guitarra a los 8, gracias a un amigo de la familia. Ganó becas para prestigiosas universidades del estado de California, pero las desestimó en busca de su carrera como músico profesional. Luego en su vida no sólo brindó reconocimiento a una hija de quien no sabía de su existencia, Michelle Branch, sino que además grabó una canción con ella, The Game of Life (El Juego del Amor), que se convirtió en un éxito internacional.

Dicen que todo pasa por una razón, en virtud de un destino. José Santana era un hombre curtido por la vida, y al igual que el gran Siddartha de Herman Hesse, prefirió dejar que su hijo escogiera su propio camino, y aprendiera de sus propios errores. Al hacerlo, realizó un Sacrificio del Alma, precisamente el título de la canción escogida por su hijo para darse a conocer al mundo.

Es un tema poderoso, con una introducción de tumbadoras que sirve de tránsito a un coro de bajo y guitarra que marca la pauta de toda la melodía. Es una orgía de ritmo y experimentación sonora. Michael Shriever, con sólo 19 años, ejecuta un solo de batería de palabras mayores. El solo de guitarra prima es el hilo conductor de toda la pieza.

Resulta curioso que cuando se habla de Santana como agrupación la mayoría de la gente la identifica con canciones como Oye Cómo Va, y hasta con la música salsa. Nada que ver. La identidad musical de este grupo es la más pura expresión de lo que después se ha dado en llamar fusión: jazz, blues, música latina, música africana, misticismo oriental pero por sobre todas ellas, rock and roll.
En muchos sentidos, Carlos Santana sacrificó su alma por ello. Así se juega el Juego del Amor. Algo hay que dar.

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Eran una rareza en sí mismos, una banda española de rock que cantaba en idioma inglés. Para acentuar la rareza, comenzaron su carrera con un nombre en inglés, The Canaries, y entonces lo cambiaron a su version en Español, Los Canarios, justo tras una exitosa gira por ¡los Estados Unidos!

Nadie parece saber que pasó por sus mentes para hacer tal cambio, pero aunque parezca más extraño todavía, la fórmula funcionó a la perfección. Es cierto que desde sus comienzos arrancaron con el pie derecho, cuando el afamado director de cine Carlos Saura los escogió para que compusieran el tema de su película Peppermint Frappe. Ese trabajo, por sí solo, era ya suficiente para lanzarlos a la fama.

Pero no se durmieron en los laureles. En 1968 lanzaron su canción insignia, Ponte de Rodillas¸en un sencillo de vinyl que contenía en la segunda cara otro gran éxito, Intentándolo Desesperadamente (Trying so Hard). Las dos canciones tenían estilos totalmente diferentes, la primera dominada por el uso de trompetas y de toda una sección rítmica, mientras que Intentándolo Desesperadamente era más una típica canción de rock duro de los sesenta, estilo Iron Butterfly.

Precisamente eso, su versatilidad y su capacidad experimental, fue lo que distinguió a Los Canarios de otras bandas españolas de rock de su tiempo. Incluso sus eternos rivales, Los Bravos, quienes también cantaban en Inglés, sonaban como las bandas suaves y “moderadas” que dominaban la escena roquera de España en ese momento, más inclinadas al estilo de The Monkees. Los Canarios eran atrevidos, experimentaban con el foot back y los sonidos pesados, y eso los colocó en una clase única en su época y lugar.

La voz fuerte, gutural de su cantante Teddy Bautista, les proveyó un sello distintivo. Resulta necesario decir que Ponte de Rodillas fue grabado en Londres por el productor británico Alain Mihaus con un equipo de prominentes músicos ingleses, quienes tocaron junto a Los Canarios originales.

De cualquier manera, es una gran canción, una melodía de ésas que nos hacen cantar a viva voz, junto al radio. Posee un ritmo irresistible, un coro de metales contagioso, y una increíble voz, casi gutural. Cantada en idioma inglés, e increíblemente creada por una banda española.

Dice el laureado escritor William Faulkner que sólo debemos ponernos de rodillas ante el sol naciente. Otros dicen que ante Dios, y siguiendo la sugerencia de Los Canarios, yo prefiero hacerlo para orar por el amor.

¿No dicen que Dios es Amor? ¿Y también que el Sol desde tiempos inmemoriales ha sido siempre asociado con Dios, la luz, el comienzo, el despertar? Como Ra, el Dios Sol de los Antiguos Egipcios.

Entonces, por carácter transitivo, esta canción es también una metáfora religiosa.

Una rareza en sí misma, un clásico por mérito propio.

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Para empezar la semana, nada mejor que lo mejor. El mejor ensamblaje de voz y música que jamás haya visto u oído, en un magnífico escenario. No podía haber sido de otra manera para estos dos verdaderos monstruos en sus respectivos géneros, puesto que cualquier otra cosa hubiera simplemente estado por debajo de cualquier expectativa posible.

El lugar fue Módena, Italia. El año 2002, hace diez años. ¿Los intérpretes? El más improbable dúo que se pudiera imaginar, El Abuelo del Soul y el Rey de las Notas Altas: James Brown y Luciano Pavarotti. ¿La canción? Es un Mundo de Hombres, uno de los clásicos más celebrados de James Brown.

Ambos rondaban los 70’s cuando cantaron juntos, cada uno de ellos en su lengua natal. Pero ambos se refirieron al mismo asunto, la solitud del hombre en su búsqueda del éxito, y el verdadero sentido de la existencia misma si no puede ser compartida con otra alma.

Un tema bien explorado por el escritor inglés Alan Sillitoe en un maravilloso cuento corto titulado La Soledad del Corredor de Fondo, convertido en un magnífico film gracias al arte del director Tony Richardson. Leí el libro y vi la película, y ambos se convirtieron en Fuentes de inspiración durante momentos duros en mi vida, pero nada como esta canción. O mejor dicho, estas dos canciones en una.

Ying o Yang, Alpha y Omega, Luz u Oscuridad, Encuentro entre Dos Mundos. La esencia de la vida siempre se presenta por medio de esta dualidad, simbolizada por la necesidad de siempre tener una contrapartida, un depositario de nuestros sentimientos o ambiciones más profundas. Si es que tenemos una posibilidad de trascender las simplezas de la vida cotidiana, es debido a esta condición.

No se confundan con el título, James Brown lo dice claramente. “Es un Mundo del Hombre, pero no sería nada, nada, sin una mujer o una chica. . . Estaría perdido en la jungle, perdido en la amargura”. ¿Y qué dice Pavarotti? “El Hombre corre por el poder pero no sabe las limitaciones que se impone a sí mismo. . . Todo esto carece de sentido, si vive solo para sí mismo”.

Una actuación cautivadora. Además del excelente cantar y la electrizante ejecución de la orquesta y las damas del coro, se puede sentir la atmósfera cargada de energía que rodea el lugar, tan poderosa que puede ser percibida más allá del video. Todas las cosmogonías del mundo convergieron en un momento nocturno. Reflexionen, pero también disfruten.

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Nadie discute que el tiempo es sin lugar a dudas el mejor juez de la Historia, el gran sanador de las heridas y quizás (éste es mi aporte) la gran medida de nuestra insignificancia o relevancia. Como diría Neil Diamond en su clásico Love on the Rocks, “los ‘solían ser’ ya no cuentan más, simplemente yacen en el piso hasta que los barremos”. Remedando al poeta, todo pasa, y algo siempre queda.

El tiempo le ha jugado una buena pasada a esta canción, cuyo título constituye un enigma espacio temporal. Existen muchas explicaciones para este título, 25 o de 6 a 4 (25 or 6 to 4) pero, a pesar de su condición matemática, los números no encajan en ninguna de ellas.

Robert Lamm, tecladista del grupo conocido en sus comienzos como The Chicago Transit Authority, dijo en una ocasión que el nombre de la canción se refiere al hecho de que cuando estaba tratando de componerla miró su reloj y se dio cuenta que eran las 3:45 am (25 minutos para las 4), pero eso no explica la mención al número 6.

Un rumor popular afirma que la extraña combinación de números es una referencia al LSD, puesto que los adictos afirman que si se deja caer el ácido en agua a las 6 pm, su efecto se disiparía precisamente a las 4 am, 10 horas después. Lo aterrador de esta explicación es que todos los números encajan dentro de ella. Tal parece que Lamm al mirar su reloj se preocupó de que sólo faltaban 25 minutos para perder su fuente de inspiración.

De cualquier forma, era una canción rara para un año raro. Se suponía que en 1970 terminara la locura de los sesenta, pero fue probablemente uno de los años más locos en la música rock. A pesar de haberse separado ese mismo año, Los Beatles tuvieron tres canciones en la lista de los 100 éxitos de Billboard, al igual que John Lennon, Paul Mc Cartney y George Harrison por separado.

Hubo una gran cantidad de clásicos raros ese año, como fueron War (Guerra), de Edwin Starr; American Woman (Mujer Americana) de los Guess Who; Moondance (Baile a la luz de la Luna) de Van Morrison; Mama told Me (Mi Mamá me Dijo) de los Three Dog Night, o Spill the Wine (Derrama el Vino) por Eric Burdon y el grupo War. Todos ellos plagados de ese espíritu de turbación y desesperanza, por decirlo de una manera elegante, tan brillantemente resumido en otro clásico de ese mismo año: Ball of Confusion, (Bola de Confusión) de los Temptations.

Todo el mundo parecía estar confundido en 1970, incluso en Cuba, con la locura de la Zafra de los 10 millones que nunca fueron. Pero fue también un año ecléctico, como se siente en el ritmo de 25 o 6 para las 4, que se convirtió en indiscutiblemente la canción más notoria de Chicago, banda que tuvo que reducir su nombre tras una demanda legal del Departamento de Tránsito de la ciudad.

Es una pieza extremadamente dinámica, probablemente el mejor ejemplo de este tipo de música estilo jazz-rock, con una increíble sección de metales mezclada con la voz de Terry Kath cantando en un tono alto todo el tiempo, y un incomparable solo de guitarra prima. Sólo hay un minuto de descanso, justo al final de la canción.

El LSD pasó de moda pero no esta canción. Lo que solía ser relevante ya no cuenta, fue barrido precisamente por el cursar de los años. Para mayor paradoja, esta melodía se ha convertido en un clásico familiar, aplaudida por mis hijos Mario and Pablo, de 16 y 12 años respectivamente, y hasta mi hija Lucía, de 7. Y por supuesto, yo.

Rara, pero brillante, lo mejor de todos los mundos. El tiempo tiene esta gran capacidad de colocar todas las cosas en su justa medida, en su lugar apropiado.

http://www.youtube.com/watch?v=WLiuMkGCOC4

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Uno de los artistas más subvalorados en música popular es, sin lugar a dudas, Harold Lane David, fallecido el pasado 1 de septiembre. Un letrista que se combinó con el compositor Burt Bacharach a finales de los 50 para crear cientos de hits durante una carrera que alcanzó¡7 décadas!

Aunque Bacarach ha recibido la mayor parte del crédito por verdaderas joyas musicales como Don’t Make me Over; Raindrops Keep Falling on my Head, Alfie, The Look of Love, Close to You, Walk on By, y muchas, muchas otras, esa combinación única de música y letra no hubiera sido possible sin la imaginación y la sensibilidad de Hal David.

Fue él quien se atrevió a colocar versos como “un huevo menos que freír” en una canción de amor, para ilustrar la idea de la soledad y el echar de menos a alguien. Otro gran ejemplo de su audacia y además su visión apegada a la tierra de lo sublime es “corro para coger el autobús, querido, y mientras viajo en él pienso en ti”, en el clásico Mi Pequeña Oración (I say a Little Prayer).

Es precisamente esta canción el mejor tributo al talento de tanto Burt Bacharach como Hal David. Concebida para Dionne Warwick, cuya carrera fue prácticamente apuntalada sobre  la creatividad de ambos, que componían exclusivamente para ella, la pieza ganó una nueva dimensión al ser grabada por Aretha Franklin, quien le proveyó el sabor de soul que necesitaba para convertirse en un clásico.

David y Bacharach tenían sus dudas acerca de esta canción, al punto que Burt declaró una vez: “Nunca pensé que había  hecho lo correcto con ésta. Creía que el tempo era un poco demasiado rápido para Dionne. Mi Pequeña Oración con Aretha es una mejor canción”

Demos gracias que la Reina del Soul aceptó este reto. Es una canción que coloca el amor en su justa dimensión, dada por la capacidad que tiene de convertir las rutinas cotidianas en una experiencia con sentido porque, como tan acertadamente apuntara Cicerón “el amor es el intento de forjar una amistad inspirada por la belleza”. No hay necesidad de sentimientos monumentales para un verdadero amor.

Eso es lo que Hal David estaba tratando de decir cuando escribía sobre huevos fritos con relación al amor. Esta visión popular le valió un puesto en el Salón de la Fama de los Compositores, un Doctorado en Música en el Lincoln College, y una estrella en el Paseo de la Fama en Hollywood.

Tal parece que el autobús hizo un viaje largo, larguísimo.

http://www.youtube.com/watch?v=KtBbyglq37E

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Todo ha sido dicho, a todo se le ha cantado, todo se ha escrito, filmado o pintado. El arte en realidad lo que hace es redimensionar, mostrar nuevas aristas de una realidad que es cíclica y que lo único que se puede hacer reinterpretarla.

Esta canción de hoy tiene casi el mismo título de una canción de Natalie Cole, casi el mismo tema, sin embargo lo muestra desde una óptica diferente. La sempiterna disyuntiva de cómo relacionarse con alguien a quien se quiso pero ya no, sin perder el sentido ni la esencia de una relación que ya no pudo ser.

Alguien a Quien Solía Conocer (Somebody that I Used to Know), del dúo Belga-Australiano-Neozelandés  nombrado Gotye, casi que calca el título de la pieza de la hija del gran Nat King Cole, titulada Alguien a Quien Solía Conocer (Someone that I Used to Know). Sin embargo, la canción de Natalie aborda el dilema desde un punto de vista nostálgico, desde la perspectiva de uno solo de los amantes, mientras que la pieza de Gotye emplea un tono más bien alegre, cantando a dos voces que representan las dos partes de la ecuación amorosa.

Esta intención fue expresada de forma singular por Wally de Backer, uno de los dos integrantes de Gotye,           quien dijo que la canción reproduce “ la clase de drama que posee, la historia vista desde las  dos partes,  y el aspecto de las múltiples perspectivas que esto representa”.

Bien por De Backer, nacido en Bélgica y residente en Australia desde los 9 años de edad, quien se unió con el compositor y cantante neozelandés Kimbra para crear éste y otros éxitos. Alguien a Quien Solía Conocer llegó al tope de las listas en una variedad de países que incluye Australia, Nueva Zelanda, Alemania, Bélgica y Holanda. Fue el segundo sencillo mejor vendido de 2011 en Australia,.

Gotye hizo su debut en Estadios Unidos con esta canción en el show Jimmy Kimmel Live, y desde entonces subió también a la lista de preferencias musicales en Estados Unidos. Tuve la oportunidad de presenciar ese debut en vivo, y desde entonces me he quedado enganchado con la canción, por numerosas razones que prefiero no mencionar.

De cualquier manera, la canción es toda una maravilla de música y arte vocal, y el video es simplemente una genialidad. Además, todos tenemos a alguien a quien solíamos conocer y ya no. Pero por encima de todo, es bueno conocer a Gotye. ¡Que viva la diversidad!

http://www.youtube.com/watch?v=8UVNT4wvIGY

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Si pregunta por mí/ traza en el suelo/ una cruz de silencio y de ceniza/ sobre el impuro nombre que padezco.  El poeta cubano Emilio Ballagas comenzó de esta manera su antológico poema Nocturno y Elegía, para describir el sentimiento de luchar por olvidar algo que se considera maligno, pero a la misma vez tan fuertemente deseable que nos hiere.

Algunos versos son así, tan descriptivamente poderosos que tocan donde nadie ha sido ni siquiera capaz de acercarse con anterioridad. Estos versos usualmente valen por todo un poema, o toda una canción.

Esta canción es así. Toda la idea de la misma circula alrededor de cuatro versos: Soy una roca/ Soy una Isla/ Y la Roca no siente dolor / Y la isla nunca llora. Aunque Paul Simon generalmente se refiere a ella como la canción más neurótica que haya jamás escrito,  mi lectura es diferente. La veo como una declaración poderosa, de autoconfianza, e incluso más, de empoderamiento personal.

Esta canción no es autobiográfica. Fue escrita mucho antes de que Paul Simon se tornara famoso, y fue retenida por varios años hasta que él decidió grabarla junto con Ike Garfunkel. A pesar del hecho de que se siente incómodo con ella, la canción se las ha arreglado para convertirse en una de sus piezas más comentadas y debatidas.

Nadie es una Isla/ complete en sí mismo, dijo otro Inglés famoso, John Donne, en su también aclamdo poema Por Quien Doblan las Campanas Whom the Bell Tolls, el cual inspiró la novela de Ernest Hemingway.

Yo tengo mis dudas. Si uno no puede estar satisfecho consigo mismo, no puede satisfacer plenamente a nadie.

Cada mañana cuando me despierto, todo un mundo amanece conmigo. Con mi impuro nombre, pero fuerte como una isla. Sucede que soy de Cuba.

http://www.youtube.com/watch?v=My9I8q-iJCI

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