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Archive for 9 febrero 2012

Ruido de maletas


Hay un vecino que todas las mañanas arrastra una maleta. Tal vez por cuestiones de trabajo, o en virtud de algun sorprendente maleficio, el hombre circula todos los amaneceres por los pasillos de mi edificio, anunciando con el fragor de las ruedas de su maleta sobre las losas de cemento que, con cada puesta de sol, un nuevo viaje comienza.

Esto, que puede constituir un suceso intrascendente para cualquiera, a mí, torpe soñador que no acaba de encontrar su camino, se le antoja como un sentido de metáfora, como todas esas místicas conexiones de que tanto se hablan, conjunciones de planetas o hasta males de ojo, garganta, nariz y oído. Que ya en estos tiempos no se sabe dónde empieza la ciencia y dónde acaba la superchería. O peor aún, la línea entre ambas.

Pues he aquí que todas las mañanas me tropiezo con este hombre, y el estruendo de las ruedas de su equipaje me recuerda a esos fantasmas errantes de mi adolescencia, aquello de “oigo cadenas y aumentan mis penas”. Tal vez sea ésta la condena del exiliado, rememorar en cada hecho trivial los pasajes y parajes que ha dejado atrás, en una especie de retorno emocional que no conduce a ninguna parte. El viaje perpetuo, la eterna travesía a un lugar que nunca se llega y de la cual tampoco nunca se regresa.

Todo Exilio es una Historia, y todo exiliado una historia. Lo peor del caso es que con cada día que pasa, a pesar de Neil Diamond, por mucho que uno sea y diga, Miami está bien pero no es mi hogar, y La Habana es mi hogar pero ya no es mío, ni nunca lo será.

Lo dicen los amigos, familiares, conocidos. Todos los que por suerte o por desgracia han tenido de alguna forma la oportunidad de visitar Cuba por cualquier razón, que de jueces ya estamos hartos. Por mucho que lo intentan, no logran recuperar el sentido de pertenencia, en gran parte debido a que las razones que los obligaron a irse siguen aún vigentes, y se sienten todavía más palpables después de haberse ido. Es una vida en circulos, o una espiral progresiva, pero esta imagen no me gusta por ser la torpe definicion de Carlos Marx para el curso de la Historia.

Bajo estas condiciones, la posibilidad del regreso se circunscribe al exclusivo ámbito de los fenómenos físicos y, como el hombre de la maleta, uno transita pero no queda. El ciclo es más fuerte incluso que el destino. Mientras tanto, como quien no quiere las cosas, uno trata de evitar el ruido y sirviendo su condena, simplemente pernocta en otras tierras. Con cada puesta de sol, un nuevo viaje comienza.

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