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Archive for 10 diciembre 2010


La ciudad tiene una curiosa mmanera de insinuarse, a medio camino entre la nostalgia y el futuro. El tiempo tiene aqui sabor a perdido, a todo lo que pudo ser y defitivamente, ya no sera.

El joven maneja una moto por la autopista, raudo y veloz como el decursar de las horas despues que dan las 5 pm. Me pasa zigzagueando entre las sendas atestadas de coches. No sé por qué he escrito así, detesto esta palabra para definir un automóvil.

Atino a divisor un trazo de su espalda, cubierta con una camiseta del Bayern Munich. Acelero, me coloco a su lado y toco el claxon. Es mi equipo favorito, desde mi años de adolescente noctámbulo leyendo revistas prohibidas.

El rostro voltea y me mira con cierto aire de perplejidad, y noto que no es joven. Sus ojos no miran a ninguna parte, solo observan. Descubro con disgusto que lleva un casco del ejercito nazi y una insignia de las SS en el tanque de gasolina. Pienso en bajar el vidrio y preguntarle si las letras significan “Some Sucker”, pero opto por acelerar ocultando mi verguenza.

Son las 6 pm, y el cielo de alguna forma me recuerda a mi ciudad natal, por supuesto sin esta fila interminable de carros (ahora sí lo dije bien). El radio toca el “Tema de Jill”, Érase una vez en el Oeste y de repente mi madre se apodera del ambiente. La melodía se me antoja a paraiso perdido y para mi sorpresa, lloro a lágrima viva. Por mí, por mi madre, por todo lo que debería ser y no es. Se supone que esto no pase, soy el Lucky, el Tigre de Santos Suarez.

Media hora más tarde, alguien que cree deberme un favor me llama para invitarme a cenar. A las 11 pm, alguien me ama y yo le creo. La alternativa es llorar, y como dice el título de uno de mis cuentos perdidos en algún lugar de La Habana, los tipos duros nunca lloran.

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Yo no soy yo


Algún día escribiré una de esas historias tristes, tremebundas, de las que se narran en cementerios o bebiendo en copas rotas, fieles a esa adicción trágicólica que nos legaron los Vallejos y Contreras, renovada después por Feliciano y Luis Miguel, hasta llegar a Paquita la del Barrio. Ésa será mi terrible venganza contra el mundo, por su obstinación en mostrarse como él es, y no como yo quiero que sea. ¡Vaya osadía!
Y cuando lo haga, cuando finalmente consume mi supremo acto de suicidio kitsch, la historia tendrá que desarrollarse en Navidad. Nada personal contra Jesús y su nacimiento, pero si alguna estación me ha resultado esquiva, es la Navidad. En Cuba porque se me negaba en mi propio suelo, y aquí en el Exilio porque siempre es incompleta, como esas eternas promesas que nunca llegan a materializarse. Es posible que esté desarrollando una especie de neurosis, pero en esta época del año nunca consigo tenerlas todas conmigo, y no me refiero precisamente a mujeres, bebidas o comidas. Falta la raíz, el sentido de pertenencia, tan necesario para vivir el verdadero sentido de las fiestas. Es muy difícil renovar un espíritu desarraigado.
Tal vez éste sea uno de los mayores daños que nos causó el castrismo, ese eterno deambular en busca de una identidad que no se completa, cargando en las espaldas con nuestras patrias particulares adonde quiera que vamos. Aún no descifro la solución para este desencuentro de tiempo y espacio y lo peor de todo es que cuando se conjuguen todas las variables, algo que estoy seguro que finalmente sucederá, por supuesto en Cuba, se cumplirá el cruel acertijo esbozado por mi amigo Pepe el Serio cuando dijo: “yo no soy yo”.
Cruel negocio este del exilio que aunque en la mayoría de los casos sea para bien, nos transforma, nos transmuta. Pero como no puedo cambiar el mundo aunque no perdono al tiempo, porque él no me perdonó, esta Navidad haré como todas, seguiré aplazando mi historia “y que se ‘chave’ tó, compay, olvidemos tó, compay”

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